El capital privado juega un papel clave en la transformación de empresas y en la creación de valor a largo plazo. Comprender su rentabilidad es esencial para cualquier inversor que busque diversificar su cartera y acceder a oportunidades únicas.
El capital privado agrupa inversiones en empresas no cotizadas canalizadas a través de fondos gestionados por equipos profesionales (GPs). Estos fondos captan recursos de inversores institucionales y patrimonios privados (LPs), y pueden estructurarse en productos de private equity (buyouts, growth, infraestructura, activos reales) o de venture capital (semilla, early stage, growth tech), así como deuda privada.
La estructura típica de un fondo contempla un periodo de inversión, maduración y desinversión, comisiones de gestión y carried interest. Estos elementos condicionan el perfil de rentabilidad y liquidez, obligando al inversor a comprometer capital durante ciclos de 8 a 12 años.
La rentabilidad del capital privado se mide principalmente mediante la TIR (tasa interna de retorno) y múltiplos de capital invertido: TVPI, DPI y RVPI. Para comparar con activos líquidos, se recurre al PME (public market equivalent), que ajusta por riesgo y volatilidad.
Es fundamental entender que las valoraciones de activos privados no son diarias, por lo que la medición basada en ciclos largos (10 años o más) refleja mejor el desempeño real. Además, el uso de apalancamiento puede aumentar la TIR en fases de expansión, pero amplifica el riesgo en entornos de restricción crediticia.
En el primer semestre de 2025, el número de operaciones de private equity a nivel mundial superó los 3,500 acuerdos, con un importe total invertido que superó los 400,000 millones de dólares. Estos datos muestran una recuperación tras la desaceleración de 2022–2023, aunque persisten incertidumbres macroeconómicas.
En España, el volumen bajo gestión de capital privado y venture capital asciende a decenas de miles de millones de euros, con miles de empresas participadas. La rentabilidad media anual de los fondos españoles ha rondado el doble dígito en los últimos años, reflejo de un ecosistema en maduración y de la alineación de intereses entre GPs y LPs.
Históricamente, los fondos de private equity han ofrecido rentabilidades superiores a los índices bursátiles globales en horizontes largos, con una volatilidad aparente menor. En venture capital europeo, los retornos a diez años han superado ocasionalmente a los de Estados Unidos, impulsados por el auge tecnológico y una base de innovación creciente.
Sin embargo, las medias esconden una elevada dispersión: los mejores fondos alcanzan múltiplos muy superiores al promedio, mientras que una parte significativa rinde de forma mediocres o incluso negativa. La diversificación adecuada de la cartera y la selección de gestores con track record sólido son fundamentales para maximizar el potencial de retorno.
La creación de valor en el capital privado depende de impulsores operativos, financieros y de mercado:
Entre los factores actuales destacan el entorno de tipos de interés, la inflación moderada y la normalización del crédito. La recuperación de las operaciones de M&A e IPOs desde 2024 impulsa las ventanas de salida, mientras que la presión ESG abre nuevas oportunidades en transición energética.
Los sectores con mayor potencial de rentabilidad incluyen salud, tecnología, energía, infraestructuras y activos reales. El foco en digitalización, inteligencia artificial, automatización industrial y tecnología climática reconfigura el panorama inversor.
A nivel europeo, el capital privado representa una fracción del PIB inferior a la de EE. UU., lo que sugiere un amplio margen de crecimiento estructural. Se estima la necesidad de movilizar cientos de miles de millones de euros adicionales hasta 2030.
En España, la industria recuperó el ritmo inversor tras la pandemia. El middle market ha atraído a fondos internacionales, y el fundraising nacional alcanzó cifras récord en 2024–2025. Los inversores extranjeros siguen liderando el capital invertido en compañías españolas.
El impacto económico y social es notable: creación de empleo, contribución al PIB y mejora de la productividad y profesionalización de empresas medianas. El capital privado se erige como palanca para impulsar el crecimiento y la innovación en el tejido empresarial español.
El capital privado conlleva riesgos de iliquidez, dependientes de la calidad de los mercados de salida. La disrupción tecnológica y los cambios regulatorios pueden alterar las condiciones de valoración. Además, la concentración en determinados gestores o sectores aumenta el sesgo de cartera.
Para mitigar estos riesgos, es crucial realizar una due diligence rigurosa y constante, diversificar entre estilos de gestión y horizontes temporales, y mantenerse atento a indicadores macroeconómicos y regulatorios.
La inversión en capital privado ofrece una oportunidad de diversificación real y acceso a fuentes de retorno menos correlacionadas con los mercados públicos. Sin embargo, exige paciencia, compromiso a largo plazo y un análisis detallado de gestores y tesis de inversión.
Recomendaciones clave:
Con un enfoque estructurado y una comprensión profunda de sus dinámicas, el capital privado puede convertirse en un activo esencial para alcanzar objetivos financieros ambiciosos y contribuir al desarrollo económico global.
Referencias