El viaje del crédito abarca milenios y revoluciones tecnológicas. Desde los orígenes del trueque hasta las últimas innovaciones fintech, este recorrido muestra cómo la confianza y la tecnología han transformado la forma de financiar nuestro día a día.
Hace más de 5.000 años, en Mesopotamia, las tablillas de arcilla registraban deudas por bienes entregados «ahora y pagados después». Este primer sistema de crédito fue un antecedente de los métodos modernos.Los templos romanos actuaban como auténticos centros financieros, guardando depósitos, cambiando monedas y ofreciendo préstamos sin intereses para pobladores. Sin embargo, con la expansión del cristianismo, la usura fue prohibida, dando lugar a protestantes y judíos que dinamizaron el crédito en Europa.
En el siglo VII a.C., los griegos acuñaron las primeras monedas metálicas y, un milenio después, China introdujo el papel moneda. Este salto representó una revolución en el intercambio de valor, reduciendo la dependencia de bienes físicos como objetos-moneda.
El concepto de tarjeta de crédito nació en Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial, cuando Western Union ofreció líneas de crédito sin cargos. En 1949, Frank X. McNamara olvidó su cartera en un restaurante y fundó Diners Club, inaugurando las transacciones mensuales consolidadas en un único pago.
Antes de la era plástica, existían las "charga-plates", placas metálicas con el nombre del cliente para imprimir recibos y garantizar crédito limitado a establecimientos afiliados.
Los años sesenta marcó el inicio de las redes de telecomunicaciones bancarias y, en 1969, Forrest Parry de IBM desarrolló la banda magnética para almacenar datos en tarjetas. Esta innovación permitió lecturas electrónicas y sistemas de seguridad avanzados en los pagos.
La llegada a España de Visa en 1970, seguida de la creación de SWIFT en 1973 para transferencias internacionales, solidificó el uso de tarjetas. Durante los ochenta, la expansión de sistemas como Servired, 4B y Euro6000 interconectó millones de cajeros automáticos, reduciendo drásticamente la dependencia del efectivo.
En 1994, Stanford Federal Credit Union lanzó la primera banca online, permitiendo consultar saldos, transferir fondos y pagar facturas sin sucursales físicas. Esta idea marcó el inicio de la banca electrónica y aceleró la adopción de servicios digitales.
PayPal, fundada en 1998, ofreció pagos entre particulares y comercios sin necesidad de una cuenta bancaria tradicional, impulsando el comercio electrónico a nivel global y fomentando la confianza en transacciones digitales.
El advenimiento de los smartphones y la tecnología NFC transformó la forma de pagar. Google Wallet (2011), Apple Pay (2014) y Samsung Pay introdujeron pagos móviles sin contacto, integrándose con las aplicaciones bancarias.
Además del pago móvil, surgieron nuevas fintech de préstamos online como LendingClub y Kabbage, y en 2008 nació Bitcoin, dando pie al uso de blockchain en finanzas descentralizadas.
En España, la implantación de Visa en los setenta estuvo restringida a grandes clientes, pero en los años ochenta se masificó el uso de tarjetas de débito y crédito, con millones de usuarios adoptando este sistema.
La transición al chip EMV y la llegada del NFC en 2011 impulsaron las soluciones contactless en comercios y cajeros. Actualmente, la mayoría de las transacciones en puntos de venta son digitales, y las aplicaciones bancarias compiten con Apple Pay y Google Wallet por la preferencia de los usuarios.
Aunque la digitalización ofrece comodidad y velocidad, plantea desafíos como la ciberseguridad, la protección de datos y la brecha digital. La inclusión financiera sigue siendo una meta, especialmente para colectivos vulnerables.
De cara al futuro, el ecosistema financiero global avanzará hacia plataformas integradas que orquesten servicios, desde inversiones automatizadas hasta créditos inmediatos, minimizando el uso de efectivo y adoptando tecnologías como criptoactivos y contratos inteligentes.
Este recorrido desde el trueque ancestral hasta la banca digital demuestra cómo la innovación y la confianza han permitido formas cada vez más ágiles y seguras de gestionar el crédito. Adoptar y adaptar estas herramientas es clave para aprovechar al máximo las oportunidades de un mundo financiero en constante transformación.
Referencias