En un entorno financiero en constante cambio, contar con herramientas precisas para medir la temperatura del mercado se convierte en una ventaja decisiva. Desde la evolución histórica de los principales índices hasta los riesgos geopolíticos más latentes, entender estos indicadores clave para la toma de decisiones permite diseñar estrategias robustas y adaptadas a 2026.
El análisis de la rentabilidad de los grandes mercados durante los últimos tres años ofrece pistas cruciales. El IBEX 35 lideró en 2023 con un avance del +23%, mantuvo una sólida recuperación en 2024 con +14,78% y acumuló un espectacular +47% al cierre de 2025.
Por su parte, el S&P 500 registró entre +15% y +20% en 2025, mientras el Nasdaq OMX creció un +20,36% y el Dow Jones un +13%, alcanzando máximos cercanos a los 49 000 puntos a principios de 2026. La renta variable global cerró 2025 con un alza media del +12-15%, con los mercados fuera de EE. UU. brillando un +32%, la mejora más destacada desde 2009.
Estos resultados reflejan una recuperación amplia y sostenida en diversos segmentos y plantean un contexto optimista para 2026.
El consenso de analistas sitúa el crecimiento global entre 2,8% y 3,1% durante 2026, con EE. UU. en torno al 2% y Europa aproximándose al 1%. Esta moderación estructural europea entraña desafíos de competitividad y demanda un análisis cuidadoso.
En materia de beneficios, el S&P 500 podría ampliar su BPA a un +15% en 2026, acumulando tres años consecutivos con crecimientos de dos dígitos. El cuarto trimestre de 2025 cerró con un +8% interanual, el décimo trimestre seguido de avance, según datos de JP Morgan y Morgan Stanley.
La inversiones masivas en IA emergen como motor de beneficio si logran traducirse en retornos eficientes, evitando una nueva burbuja tipo puntocom. Los sectores que aportaron incrementos por encima del 10% durante 2025 incluyen siete de once componentes del S&P 500, destacando tecnología, salud y consumo discrecional.
La diversificación geográfica de beneficios se intensifica con Asia emergente (Corea, Taiwán, India) mostrando dinámicas difusas, según informes de grandes gestoras. Los expertos recomiendan una exposición global equilibrada para capturar repuntes fuera de EE. UU.
La Reserva Federal planea reducir sus tipos hasta el rango 3%-3,25% en 2026, acercándose al nivel neutral. El Banco Central Europeo mantendría sus tasas en torno al 2% para evitar impactos desestabilizadores.
El vehículo de renta fija ofreció rentabilidades del 5%-7% durante 2025 gracias a la caída de los tipos, posicionando a la deuda soberana occidental como un activo atractivo para diversificar riesgos. Este escenario de normalización moderada invita a considerar bonos con vencimientos medios y perfiles crediticios sólidos.
A pesar del atractivo actual de los bonos, la rentabilidad potencial debe ponderarse frente a la presión inflacionaria residual persistente y el posible endurecimiento monetario si aumenta la tensión en el crédito corporativo.
De acuerdo con Antonio Castelo, «los sectores con balances más sólidos y capacidad de innovación marcarán la pauta en los próximos trimestres». A continuación, los segmentos con mayor potencial:
Esta estrategias de cartera diversificada y balanceada busca equilibrar el dinamismo del sector tecnológico con la estabilidad de servicios públicos e industriales.
La amplitud de mercado se revela esencial para confirmar la salud de las alzas. La línea de avance-descenso del NYSE, con un RSI entre 35 y 70, señala una fase de consolidación positiva.
El ratio VXF/SPY, que compara la evolución de mid y small caps frente al S&P 500, muestra un comportamiento tibio pero favorece una eventual rotación hacia valores de mayor beta. El indicador DAX:SPX relativo también sugiere la formación de bases que anticipan un giro alcista en Europa.
«Los ratios intermercados ofrecen pistas macro anticipadas», apunta Julián Pascual, experto en análisis técnico, recordando la importancia de combinar datos de volatilidad, amplitud y momentum para validar tendencias.
Complementariamente, el indicador de volatilidad VIX bajo los 18 puntos contrasta con fases anteriores, sugiriendo menor temor en los inversores. No obstante, la divergencia entre VIX y amplitud puede anticipar correcciones abruptas.
Aunque el escenario 2026 apunta a la continuidad de la recuperación, varios elementos pueden alterar la trayectoria:
Asimismo, la elevada valoración de las bolsas plantea la necesidad de controles estrictos de stop-loss y la identificación de zonas de fuga técnica para gestionar pérdidas.
La gestión activa del riesgo se convierte en la clave para sortear correcciones y volatilidad en esta fase madura del ciclo.
Para aprovechar las oportunidades y mitigar amenazas, los inversores pueden considerar las siguientes pautas:
Además, la adopción de productos cotizados sectoriales o ETFs temáticos permite ajustar la exposición con flexibilidad, sin renunciar a la liquidez diaria.
La combinación de análisis cuantitativo y visión estratégica permitirá diseñar una hoja de ruta adaptable y resistente a los vaivenes del mercado.
Referencias